Mayo / 2009
Miguel Famolir Faus
Cuando Francisco de los Cobos (1477-1547) llegó a Italia por primera vez en 1529 acompañando a Carlos
V para asistir a la solemne coronación imperial en Bolonia, entró en
contacto con una sociedad donde el arte y sus artífices disfrutaban de
un prestigio y consideración que trascendían la esfera estrictamente
artística. Desde finales del siglo XV el arte había entrado a formar
parte de las relaciones diplomáticas no como mero fedatario de la
apariencia de príncipes casaderos, como era habitual hasta entonces,
sino como un bien con valor propio con el que agasajar a mandatarios
extranjeros.
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